2 de cada 10 jóvenes entre los 19 y 24 años están estudiando educación superior. Sube 5% el índice de desempleo donde doblemente afecta a egresados, pues requieren de experiencia para tener la oportunidad de trabajo. El 53% de la población en el Municipio de Tehuacán está en pobreza. Los índices de violencia en la familia, en las escuelas y en la sociedad expresan cierta descomposición social que tiene su principal raíz en la interacción humana, y es la EDUCACIÓN dónde nos formamos para esta acción cotidiana.
Ante estas realidades ¿qué características debe tener el egresado de Universidad? ¿qué tipo de Universidad requiere nuestra sociedad? Decía Salvador Allende en una visita a la U de G: El primer deber de un estudiante revolucionario es ser un excelente estudiante, por otra parte un acercamiento rigurosos a la realidad en la que está inmersa.
Es evidente que la formación del universitario debe contener: eficiencia, humanismo, adaptabilidad, criticidad, innovación, trabajo en equipo, liderazgo, ética y responsabilidad social, educación integral, emprendedurismo y el conocimiento preciso de la realidad social.
Los caminos para alcanzar estas metas dependen de tres elementos: la formación de docentes con características urgentes como el ser crítico, creativo, investigador, analítico, que vincule teoría y práctica; vinculación de la universidad con la empresa a través de un modelo diferente y arriesgado donde el universitario se forme aplicando los conocimientos a la práctica real, empresarios y académicos debemos apostarle a los talentos que tienen nuestros estudiantes; y por último, la vinculación de la universidad con la sociedad civil pues la función social de toda institución de educación superior es formar y vincularse en los problemas latentes de los grupos sociales locales en los que se puede intervenir y transformar.
¿Realmente nos preocupa la juventud? ¿estamos enfocando nuestra fuerzas y recursos en la formación de nuestros jóvenes que no tienen acceso a la universidad o que por cuestión económica desertan? ¿las políticas públicas que tenemos para los jóvenes están resultando con el impacto deseado? ¿ellos son responsables de las decisiones que las generaciones adultas hemos tomado y que se reflejan en las crisis económicas y sociales?
http://www.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2013/pide-penia-priorizar-educacion-superior-en-iberoamerica-959372.html
Una revolución implica cambiar las formas y maneras de hacer las cosas, de proponer nuevas estructuras, mecanismos y dinámicas sociales, desde lo local hasta lo nacional; hablar de instituciones o estudiantes revolucionarios implica no solamente de idealismo, sino de exigencias reales y urgentes que demandan los problemas que aquejan al ser humano contemporáneo: violencia, injusticia, desigualdad, corrupción, individualismo exacerbado, discriminación y desamor (desinteres por el otro, dejar de buscar el bien del otro). Insisto en que la apuesta y la inversión para formar ciudadanos que transformen nuestro México está en los niños y los jóvenes. Y como esto implica rapidez el único camino es la suma de esfuerzo, la construcción de alianzas, el trabajo en equipo para conseguir un bien común. Por tanto, en este tema, hago un llamado a universidades, empresarios, autoridades civiles y educativas y medios de comunicación a que encontremos las políticas y acciones sociales que nos permitan realmente revolucionar nuestra anquilosada realidad educativa. "En lo cierto, la unidad; en lo dudoso, la libertad y en todo el amor".
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