En agosto del 2010 salió el documento final titulado “Metas educativas 2021, la educación que queremos para la generación de los bicentenarios”*. Un documento elaborado desde la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), CEPAL y la Secretaría General Iberoamericana. El 18 de mayo del 2008, los ministros de educación de los Estados Iberoamericanos acordaron impulsar dichas metas educativas en una cumbre realizada en El Salvador, tanto por el momento histórico que representaba las celebraciones del bicentenario, como por los objetivos ambiciosos pero urgentes: “mejorar la calidad y equidad en la educación para hacer frente a la pobreza y desigualdad, y de esta forma, favorecer la inclusión social”. La preocupación era latente, no se habían resuelto temas necesarios: “analfabetismo, abandono escolar temprano, trabajo infantil, bajo rendimiento de los alumnos y escasa calidad de la oferta educativa pública”. Esto también implicaba las exigencias de la sociedad de la información y conocimiento: “incorporación de las TIC en la enseñanza y en el aprendizaje, apuesta por la innovación y la creatividad, desarrollo de la investigación y del progreso científico”.
Además, la situación que se ha vislumbrado por muchos años, donde las aspiraciones de la ciudadanía son alcanzar una mayor equidad social y un nivel óptimo de cultura, orientándose especialmente en aquellos “colectivos tantos años olvidados: los grupos originarios, los afrodescendientes, las mujeres y las personas que viven en zonas rurales”, nos reta cada día a nuestra conciencia social. Esto representa una particularidad en nuestro país y en muchos Estados de este México no tan unido y no tan democrático; más del 50% de la población en pobreza, una desigualdad enorme entre los pocos que tienen mucho y los muchos que tienen poco, un rezago educativo que nos llevará 60 años recomponer (OCDE), una falta de inversión a la ciencia y desarrollo tecnológico, hartazgos sociales ante una nula cultura política y exigencias de un civismo en la mayoría de nuestra sociedad.
El objetivo final es claro y contundente: “lograr a lo largo del próximo decenio una educación que dé respuesta satisfactoria a demandas sociales inaplazables: lograr que más alumnos estudien, durante más tiempo, con una oferta de calidad reconocida, equitativa e inclusiva y en la que participe la gran mayoría de las instituciones y sectores de la sociedad. Existe, pues, el convencimiento de que la educación es la estrategia fundamental para avanzar en la cohesión y en la inclusión social.” Ya no solo en la competitividad y el desarrollo económico, pues ambos aspectos fácilmente pueden remediarse si nos sentimos incluidos, identificados y pertenecientes a la intención humana, amorosa y preocupada por el otro.
En este sentido tiene mucha razón la metáfora que hace Manuel Gil Antón sobre la reforma educativa en México: El sistema educativo es un camión en malas condiciones que queremos que llegue a su destino de manera rápida, y para ellos la solución es capacitar al chofer, en este caso capacitar y evaluar al maestro. La propuesta educativa (en cualquier lado) tiene que acompañarse con una proyecto completo que mejore la infraestructura, mejore la integración y gestión de los padres de familia, mejore la distribución y el uso correcto de los recursos aplicados al proceso educativo, mejore los procesos de formación docente y mejore (consolide) un proyecto de ser humano y de nación que necesitamos y deseamos en nuestro país.
Aquí expongo algunas de las Metas educativas establecidas: 1. Reforzar y ampliar la participación de la sociedad en la acción educadora; 2. Lograr la igualdad educativa y superar toda forma de discriminación en la educación; 3. Aumentar la oferta de educación inicial y potenciar su carácter educativo; 4. Favorecer la conexión entre la educación y el empleo a través de la educación Técnico-profesional; 5. Fortalecer la profesión docente.
¿Por qué mencionar este documento y estas ideas a mas de seis años de haberse pensado y discutido, y a más de tres años de haberse acordado y difundido? ¿realmente ha valido la pena estos esfuerzos regionales ante el gigante que representa el poder económico y político que no han permitido disminuir significativamente los indices de pobreza y desarrollo humano de muchos países?
Porque precisamente en esta época de cambios de poder político, como lo son las entrantes administraciones de los 217 municipios del Estado de Puebla, en estos momentos cruciales donde se busca un real avance de proyectos educativos y sociales y se conforman los Planes Municipales de Desarrollo, debemos tomar en cuenta estas metas con sus indicadores respectivos.
Porque los retos que implica dar seguimiento e implementar la Reforma Educativa, son oportunidades de armonizar, visualizar y alinear las metas educativas 2021 a las acciones educativas que se espera modifiquen nuestro sistema educativo, por ende, la mejora de la calidad de vida de los mexicanos.
Porque la crisis social y económica (alza de precios, inseguridad, violencia, rezago social, desigualdad, desesperación, corrupción, diferentes formas de anarquismo, etcétera) debe padecer serias modificaciones que permitan alternativas sociales a los modelos económicos existentes, así como las formas en que nos relacionamos los distintos grupos o fuerzas sociales, y no será posible sin el motor llamado educación.
Porque simplemente urge una mayor participación ciudadana que se traduzca en la suma de esfuerzos y voluntades de los distintos sectores que conforman a la sociedad, en una mayor conciencia colectiva que permita actuar en beneficio de objetivos comunes y con el mínimo de sentido humano hacia los grupos y personas más vulnerables.
Necesitamos una revisión constante, por parte de todos los agentes de cambio y de quienes están tomando decisiones, de las Metas Educativas 2021 y Educación para todos (EPT) de la UNESCO. ¡Urge darle el lugar que se merecen!
Ignacio Solano
*Documento descargable en:http://www.oei.es/metas2021.pdf